El Economista: Banco Central de Venezuela no tiene dinero para imprimir billetes en medio de la hiperinflación

Uno de los efectos más comunes de la hiperinflación es que, como cada vez hacen falta billetes más grandes para cualquier transacción, los bancos centrales acaban corriendo detrás de los precios, intentando fabricar piezas de más valor antes de que lo pierdan por completo. La experiencia venezolana está cumpliendo al pie de la letra con los manuales, con un problema añadido: sin la capacidad suficiente para imprimir todos los billetes necesarios, el Banco Central de Venezuela (BCV) tiene que escoger entre importar millones de billetes desde Europa a cambio de sus escasas divisas, o ver crecer un ‘corralito financiero’ accidental ante la falta de dinero.

Más dinero, menos billetes

El caos que vive el sistema monetario venezolano está alcanzando cotas delirantes por culpa del crecimiento desorbitado de la inflación y la incapacidad del Gobierno de responder adecuadamente al aumento de precios. Lo ideal sería proponer medidas para detener la espiral hiperinflacionaria. Lo menos malo sería, al menos, mantener una proporción entre los precios, la liquidez -el dinero en circulación, ya sea físico o bancario- y los billetes -el efectivo en manos de los ciudadanos-. El Gobierno de Nicolás Maduro no está siendo capaz de responder en ninguno de los dos frentes. Políticamente, el presidente propuso a la Asamblea Constituyente, que tiene de facto el poder absoluto sobre el país desde el pasado 30 de julio, un endurecimiento de los controles de precios y divisas que existen en el país desde 2002. Pero desde el lado monetario, las cifras de creación de dinero, aunque desorbitantes, se quedan tan cortas que está provocando una enorme crisis de falta de liquidez.

Así, entre enero y agosto de este año, los precios se han disparado un 366.4%, según los cálculos de la Asamblea Nacional, el parlamento -sin poderes por decisión de la Constituyente- controlado por la oposición. El BCV no ofrece datos de inflación desde 2015, pero sí ofrece otras cifras que muestran el problema. La liquidez monetaria -la suma de todo el dinero que existe, tanto físico como bancario- ha crecido un 225.63%, 140 puntos porcentuales menos que los precios. Es decir, que hoy no hay suficiente dinero en todo el país para que todos sus habitantes repitieran las mismas compras que hicieron durante el año pasado. Aun así, puede haber una explicación: que Venezuela viva su cuarto año consecutivo de recesión (el PIB caerá un 7.4%, según el FMI). Si el país se ha empobrecido, hace falta proporcionalmente menos dinero del que se necesitaba el año anterior.

Pero lo que sí es inexplicable es la escasez de la producción de efectivo. El valor de los billetes y monedas en manos del público ha crecido apenas un 139.2% en lo que va de año, apenas un tercio de lo que han subido los precios y 85 puntos menos de lo que ha aumentado la liquidez. Hay más dinero en circulación pero -proporcionalmente- menos billetes. Y lo peor es que los que hay cada vez valen menos: el más grande, el de 20,000 bolívares, ya apenas equivale a 95 centavos de dólar en el mercado paralelo de divisas, el usado por la gran mayoría de la población. Cada persona toca a 4.3 dólares, si se suman todos los billetes en circulación y se reparten entre todos los habitantes.

Por supuesto, el efecto de una escasez tan apabullante de billetes ha sido una nueva crisis de efectivo, como la que sacudió el país a finales de 2016 y obligó al Gobierno a introducir las nuevas denominaciones más grandes. A finales de agosto, según comprobó la Agencia Efe, los bancos que no se habían quedado sin billetes imponían un límite de retirada de efectivo de entre 20,000 y 50,000 bolívares -1 y 2.5 dólares- diarios. Este lunes, el ministerio del Interior venezolano anunció un “plan de defensa del cono monetario”, alegando que la culpa de la escasez de billetes es de “especuladores, contrabandistas y boicoteadores” que se llevan los billetes para esconderlos. Pero la realidad es mucho más sencilla: al igual que con las medicinas o la comida, el Gobierno tampoco puede permitirse fabricar todo el dinero que querría.

Cómo perder dinero imprimiendo billetes

La explicación de esta extraña situación es sencilla. El BCV no es capaz de imprimir todos los billetes que hacen falta, porque fabricar dinero les sale demasiado caro: el papel moneda, las medidas de seguridad, el diseño y la preparación de las planchas tienen su coste, normalmente fijado a nivel internacional, por lo que los gastos fijos son similares en la gran parte de los países. En la mayoría de ellos, ese coste es menor del valor de cada billete, por lo que el proceso sale rentable, pero la hiperinflación venezolana deja a esos billetes sin valor en cuanto salen de las planchas.

Como ejemplo, la Reserva Federal de Estados Unidos informa de que el coste de imprimir billetes de dólar se sitúa entre 5 y 20 céntimos por unidad, dependiendo de su valor. https://www.federalreserve.gov/faqs/currency_12771.htm Imprimir un billete de 50 dólares a un coste de 20 céntimos es rentable. El problema de Venezuela es que su tercer billete más grande, de 5,000 bolívares, apenas equivale -a 12 de septiembre- a unos 24 centavos de dólar. En lo que va de año, el BCV ha imprimido 150 millones de billetes de 100 bolívares, que hoy valen menos de medio centavo de dólar cada uno. Venezuela pierde dinero cada vez que fabrica la mayor parte de sus billetes.

Aun así, el coste sería inferior si Venezuela se imprimiera sus propios billetes, como hace la Fed, dado que podría ahorrar en gastos de personal y otros costes (electricidad, proveedores, etcétera). El problema es que el BCV apenas es capaz de fabricar una mínima parte de los billetes que hacen falta ante la voraz crecida de los precios. La Casa de la Moneda venezolana, según ella misma explica, tiene una capacidad de 320 millones de piezas anuales. Entre enero y agosto podrían haber fabricado unos 213 millones de billetes. Sin embargo, según los propios datos del BCV, en ese tiempo han entrado en circulación 621 millones de biletes, casi el triple de la capacidad total de sus imprentas. No solo eso, sino que la propia Casa de la Moneda no ha sido capaz de preparar a tiempo sus planchas para todos los nuevos billetes en circulación. ¿Cómo es posible conseguir entonces todos esos billetes? Importándolos.

Dólares por bolívares

Según explica “Misión Verdad”, una web de propaganda del Gobierno venezolano, la imprenta del BCV ha estado varios meses adaptando sus máquinas a las nuevas denominaciones. El tiempo de espera se puede reconstruir detalladamente en las notas de prensa y los datos de billetes en circulación del BCV: hasta mayo no se empezaron a imprimir de forma regular billetes de las nuevas denominaciones, y el de 20,000 bolívares tuvo que esperar hasta junio. Eso significa que la cifra de billetes importados en ese plazo podría ser aún mayor, ya que muchas máquinas se pasaron meses detenidas mientras las renovaban.

Este problema viene de lejos. En 2016, el BCV tuvo que añadir 4,305 millones de billetes, de los cuales cerca de 4,000 millones fueron comprados a empresas extranjeras. En concreto, a compañías como Crane Currency (que suministra papel moneda a la Reserva Federal estadounidense), De La Rue (que trabaja para el Banco de Inglaterra) o Giesecke & Devrient, de Alemania. Estas compañías, por supuesto, cobran en divisas, no en bolívares, con precios internacionales, superiores a los que podría tener el propio BCV.

El problema para el Gobierno venezolano es que se encuentra en un callejón sin salida. A la velocidad en la que se deprecia el bolívar, imprimir dinero es casi inútil: los miles de millones de billetes de 100 impresos en los últimos años, y por los que pagó cientos de millones de dólares -aún debe 71 millones a De La Rue, informa Bloomberg- ya no tienen valor ninguno. Las nuevas piezas van por el mismo camino, a una velocidad agigantada: al ritmo actual, la inflación tocará el 1,000% a finales de año. Importar billetes es un desperdicio de las escasas divisas que le quedan al Gobierno. Y el BCV es incapaz de cubrir toda la demanda, especialmente si necesita parar sus máquinas cada pocos meses para introducir billetes de denominaciones cada vez mayores. ¿Cuál es la solución? Maduro también anunció un plan para animar a los ciudadanos a pagar sus compras con tarjeta. Pero en un país en el que el 25% de la población no tiene acceso al sistema bancario, todo parece indicar que el único camino que se atisba para la crisis de efectivo es ir a peor

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