¡Sin vergüenza alguna! Funcionarios, diputados y militares chavistas viven del hambre de los venezolanos

La estafa con los alimentos ha ido consolidando un apetito muy especial en funcionarios rojos y militares: lucrarse con la comida y las necesidades ajenas.

¿Tiene un funcionario del Sundde autoridad moral, credenciales suficientes para dictarle lineamientos éticos a un empresario o un panadero? ¿Son personas honradas, gente decente? ¿Están procediendo de buena fe? ¿Está actuando el gobierno venezolano de forma justa, transparente, racional? ¿Es el Sundde un organismo digno, recto y solvente? ¿Son los funcionarios chavistas los encargados de velar por el interés público y el bien común?

Los CLAP han venido a aparecerse ahora, que intentan ser promocionados como solución de gobierno con anclaje popular, en esta, la era del hambre. Llegan después de que el alto gobierno chavista comenzara un proceso a gran escala de expropiaciones del sector agrario y comercial, con el objetivo confesado de asumir todos los aspectos de la producción y protegernos de la voracidad del imperialismo privado.

Las colas, las privaciones, la alarmantes cotas de escasez, cada vez más visibles, en la misma medida en que se profundiza el modelo económico chavista, son, también, la consecuencia directa de la espantosa orgía y el robo a manos llenas que el chavismo organizó en Mercal, en Pdval y en Automercados Bicentenario. Grandes escándalos de corrupción silenciados por los diputados del PSUV, cuyos aspectos más relevantes aún están por conocerse.

La estafa con los alimentos ha ido consolidando un apetito muy especial en funcionarios rojos y militares: lucrarse con la comida y las necesidades ajenas. Hacer del universo de las importaciones el paraíso de la comida y el sobreprecio. Todo lo anterior, en una tierra arrasada, sin capital nacional, donde nadie siembre y nadie invierte.

Para lograr su objetivo, dirigentes chavistas y miembros de las Fuerzas Armadas han tenido mucho cuidado en no tocar el esquema cambiario actual. La palanca responsable de las grandes fortunas del chavismo y sus entornos mafiosos lo constituye, por supuesto, el control de cambios. En el negocio y las triangulaciones cambiarias se encuentra el origen de los bienes y haberes de muchos dirigentes inmorales de rojo y de verde.

A todos les está yendo mucho mejor, ahora que las cosas se ponen más feas. Una de las últimas “conquistas” de esta clase política indigna y sin escrúpulos lo constituye el control total de las importaciones. Medida administrativa vigente desde 2012, que saca al sector privado de nicho de la oferta de bienes a la ciudadanía, responsable de grandes fortunas, deudas acumuladas, pérdidas patrimoniales y retardos que se traducen, finalmente, junto a los controles del Sada, los operativos del Sundde, la Ley de Precios Justos, y otras decisiones similares, trazadas con el mismo criterio forajido, en la lastimosa situación de necesidad que vive Venezuela.

Todas las medidas del chavistas, adoptadas con ceguera y dogmatismo, han venido a desembocar en la catastrófica circunstancia actual: cuatro años seguidos de contracción económica; con tasas inflacionarias de más de 500 por ciento y porcentajes de desabastecimiento que, de acuerdo a informes independientes, pueden estar en el orden del 50 por ciento de la oferta total de bienes. Todas son cifras perturbadoras, indignantes, no vistas jamás antes en Venezuela. Particularmente en lo relativo a la existencia de medicinas abundantes y oportunas.

Durante muchos años, los escenarios hiperinflacionarios o extremadamente caóticos, vividos por repúblicas sudamericanas hermanas o naciones caribeñas en tiempos de turbulencia, fueron sumariamente descartados, como posibilidad, del debate económico nacional.

Todos los economistas, incluso los más apocalípticos, siempre han sostenido que los contextos de escaladas inflacionarias sin control podían estar alejados del país, como lo están los huracanes del Caribe, gracias a los ingresos en divisas, a nuestra condición de nación petrolera.

Es el gran logro que tiene que ofrecerle a los libros de historia este ilustre aprendiz que llaman Nicolás Maduro. Acabar con los dólares. Regalarnos la hiperinflación. Convertir a la corrupción en religión de estado; olvidarse del bien común y el interés nacional; consolidar el universo de la escasez y el subsidio, y dejarnos viviendo, en materia económica, en los dominios de la ley de la selva, en medio del más cruel de los ajustes económicos, con una inflación endiablada y unos niveles de delincuencia que no habíamos conocido jamás.

 

Noticias Venezuela.

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