Zocalo: Keiko, el peso de ser Fujimori

La campaña presidencial en Perú cerró ayer con los mítines de los tres principales candidatos en la elección de este domingo: la derechista Keiko Fujimori, favorita en los sondeos, y sus escoltas: el centroderechista Pedro Pablo Kuczynski y la izquierdista Veronika Mendoza, ambos empatados.

De primera dama a los 19 años, Keiko Fujimori aspira a gobernar como lo hizo su padre Alberto, pese a la pesada mochila que le dejó, y que puede ser de nuevo un lastre en los comicios del 10 de abril.

La hija mayor del encarcelado expresidente Alberto Fujimori se halla a las puertas, por segunda vez, de ganar unas elecciones que podrían convertirla en la primera mujer presidenta de Perú, aunque debe atravesar un bosque de espinas para ello.

Keiko carga con la herencia de su padre, quien en su gobierno (1990-2000) derrotó a la feroz guerrilla de Sendero Luminoso, y a la hiperinflación que le dejó su antecesor Alan García.

Pero ahora está preso y condenado a 25 años de cárcel, como autor intelectual de dos matanzas con 25 víctimas, y corrupción.

Ardua misión

Favorita en todos los sondeos e impulsada por el peso de su apellido, que aún rinde réditos en las clases populares de Perú, Keiko ha emprendido hace una década una cruzada destinada a lavar el honor de su familia, salpicada por una serie de escándalos de corrupción que opacaron la gestión del jefe del clan.

Impenetrable y fría, ha reconstruido su imagen pública buscando transmitir nuevos valores, como tolerancia y paciencia, en un intento de distanciarse de la imagen de autócrata de su padre, quien el 5 de abril de 1992 dio un autogolpe con el que cerró el Congreso y tomó control de las instituciones del Estado,
reeligiéndose dos veces.

Para perpetuar la dinastía debió vencer resistencias dentro del fujimorismo, un complejo rompecabezas conservador donde confluyen empresarios, tecnócratas del libre mercado y cuadros de clase media que sueñan con que Perú recupere con ella la senda de la seguridad ciudadana y perpetúe el crecimiento económico.

La ‘hija bendita’

Keiko, que en japonés significa “hija bendita”, ha pasado la mitad de su vida envuelta en política, a la que ingresó contra su voluntad, según confesó en una ocasión, por una conjunción de circunstancias familiares con un signo en común: la ruptura.

En 1994, a sus 19 años, la separación de sus padres, Alberto Fujimori y Susana Higushi, la propulsó a convertirse en primera dama, la más joven de las Américas.

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