¡Entre la espada y la pared! La encrucijada de Nicolás Maduro

Nicolás Maduro se encuentra entre la espada y la pared por la presión de las protestas opositoras y del ala dura del chavismo. El presidente de Venezuela se halla en una encrucijada, pero pronto debería tomar una decisión si no quiere que la crisis empeore y la ingobernabilidad se desborde, sostienen los analistas. En la cuarta semana de manifestaciones para exigir comicios anticipados, entre otras reclamaciones, la Policía impidió que la marcha opositora pudiera llegar este miércoles a la Defensoría del Pueblo, a la que se le insta a que se pronuncie sobre los siete magistrados de la Sala Constitucional del Supremo que anularon las competencias de la Asamblea Nacional. Un requisito necesario para que el Parlamento pueda destituir a los jueces.

El chavismo moderado propone convocar elecciones regionales a mediados de año, junto a la reelección de los tres diputados del estado de Amazonas, y comicios locales en diciembre. El ala dura chavista, sin embargo, descarta medirse en las urnas y quiere aplastar a la oposición radicalizando la violencia en las calles y encarcelando a sus dirigentes.

Con la reelección de los tres diputados vetados por el régimen, la Asamblea recuperaría la mayoría absoluta de 112 legisladores, de la que había sido despojada en diciembre de 2015. La oposición entonces podrá ejercer plenamente sus competencias, como convocar elecciones generales, nombrar magistrados y directores del Consejo Nacional Electoral (CNE).

El ala dura del chavismo no quiere negociar sino acabr con la oposiciónPero lo que realmente preocupa al presidente Maduro son las protestas de la oposición, que han recibido el apoyo de organizaciones internacionales y gobiernos demócratas. Las marchas opositoras han sido masivas, efectivas y han sacado de sus casillas al mandatario, según los observadores.
En las últimas semanas, a su manera, Maduro ha tendido puentes a la oposición y la ha invitado a dialogar para enfriar las protestas. Pero los líderes opositores no se fían y no quieren repetir el fracaso del año pasado, cuando disolvieron las manifestaciones con la esperanza de que el Gobierno cumpliera sus promesas de convocar elecciones, liberar a los presos políticos, respetar el Parlamento y abrir un canal humanitario para repartir alimentos y medicinas.

Ninguna de las peticiones fue satisfecha. La crisis económica y social se ha agravado con la crisis política por el intento de anular las competencias de la Asamblea Nacional hace un mes. La oposición ha salido con más fuerza a la calle este año a reclamar los derechos legislativos conculcados por las decisiones de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo.

Maduro ha enviado emisarios a los diferentes partidos políticos de la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), pero ninguno de los dirigentes ha querido atenderlos ni de cerca para evitar ser fotografiados o grabados con los oficialistas; como ocurrió el pasado octubre en la mesa de conversaciones, en la que ejercieron de mediadores el Vaticano y los tres expresidentes de Unasur, el español José Luis Rodríguez Zapatero, el dominicano Leonel Fernández y el panameño Martín Torrijos. El alcalde chavista Jorge Rodríguez no ha podido romper esta vez la barrera de la desconfianza.

Los líderes opositores están decididos a continuar con las protestas y presionar en la calle mientras el régimen no ofrezca las cuatro condiciones para volver a la paz y normalidad. Es decir, no ha habido negociación con el chavismo por ahora. Así lo han declarado, Julio Borges, presidente del Parlamento y Henry Ramos Allup, expresidente de la misma institución. Ambos son secretarios generales de los dos partidos principales del país: Primero Justicia y Acción Democrática.

Integrantes del ala dura

El presidente Maduro se ha mostrado «ansioso» por convocar elecciones, pero no ha aclarado si serán las presidenciales, el objetivo central de la oposición. Pero en su ofrecimiento, el mandatario se ha enfrentado internamente a los halcones del chavismo que son el vicepresidente Tareck El Aissami y Diosdado Cabello (número dos del chavismo), quien ha declarado que «no habrá elecciones regionales».

Otros integrantes del ala dura del chavismo son el alcalde del municipio Libertador Jorge Rodríguez y el exalcalde Freddy Bernal, encargado de repartir las bolsas de comida «Clap». Ambos dirigen las bandas armadas, conocidas los «colectivos» que en su origen tenían fines sociales. Estas bandas paramilitares y parapoliciales actúan con el estilo cubano de exterminar a los dirigentes opositores y amedrentar a los seguidores.

El mandatario está bloqueado entre la facción moderada y la radical. La primera está integrada por la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, y algunos ministros y gobernadores que dejó el difunto Hugo Chávez y que no han querido mostrar la cara, apoyados por los disidentes que se marcharon y que quieren elecciones regionales y locales para que Maduro no arrastre al chavismo a la caída. La facción radical, sin embargo, no quiere negociar sino exterminar a la oposición.

Para la mayoría de los chavistas, que representan menos del 20 por ciento del electorado, continuar con Maduro hasta el final de su mandato en diciembre de 2018 es más conveniente que con Tareck El Aissami en la presidencia por sus supuestos vínculos con el narcotráfico.

 

ABC

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