NYT “El reto de la oposición venezolana es vencer a la Hidra”

El 2017 encuentra a los venezolanos abrumados por el desconcierto. Un marcado contraste con inicios de 2016, cuando miraban el futuro esperando hacer realidad un cambio que parecía promoter el triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias de 2015.

¿A qué se debe la mudanza de ánimo? A una crisis económica que sigue profundizándose sin que el gobierno de Nicolás Maduro ofrezca soluciones. Pero también a la falta de respuestas acertadas por parte de la oposición. La Mesa de Unidad Democrática, organización que agrupa a los principales partidos y movimientos de oposición, es hoy blanco de rechazos y críticas, porque, después de conquistar la mayoría en el parlamento y movilizar cientos de miles de venezolanos contra el gobierno, no pudo rematar la faena desalojando al chavismo del poder ni resolviendo la crisis. Sobre este escenario muchas son las incertidumbres.

El socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez fracasó. Las magnitudes del desastre económico no dejan dudas.

Los diferentes actores políticos y grupos de la sociedad civil organizada opuestos al gobierno chavista no han sabido transformar la ruina total del país en una efectiva acción política. Mientras tanto el gobierno, como una Hidra, el monstruo mitológico de muchas cabezas enfrentado por Heracles, ha resurgido tras cada triunfo opositor. Para la oposición, el desafío en 2017 consiste en prepararse para vencer de una vez por todas al gobierno y evitar que Venezuela caiga en la ingobernabilidad o, algo peor, se convierta en un estado fallido.

La amenaza de que esto suceda es real. Venezuela tuvo más de 28.000 homicidios en 2016, lo que la convierte en el segundo país más violento del mundo. Desde sus guaridas, que muchas veces son las mismas cárceles, los pranes, o jefes de las bandas carcelarias, dirigen todo tipo de negocios ilícitos y controlan territorios. Con estupor seguimos hazañas y muertes de delincuentes como el Picure, el Conejo o el Topo.

El crimen le gana a un Estado colapsado y trunca la convivencia. Y el gobierno responde con una represión desmesurada que no solo vulnera el estado de derecho, sino que reproduce las acciones criminales. La Operación Liberación del Pueblo es un ejemplo (http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-38126651). Su misión es combatir la inseguridad, pero comete vejámenes y violaciones a los derechos humanos de la población que dice proteger, como las masacres de la Cota 905, Cariaco y Barlovento.

La lista continúa. La pobreza, de acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida en Venezuela (ENCOVI), alcanza al 80 por ciento de la población. Hoy más de 20 por ciento tiene una nutrición deficiente. En meses recientes, la crisis disparó grandes saqueos en Cumaná, en el oriente, y Ciudad Bolívar, en el sur, del país. En urbes más pequeñas y en las carreteras saqueos menores ocurren a diario. Mientras tanto, en los centros de salud pública, los pacientes mueren de zika, dengue, malaria, enfermedades que han sido controladas en los países vecinos, o por falta de medicinas e implementos médicos.

El presidente Maduro y una nomenklatura nepótica y militarista juegan a engañar a la población con asombrosas afirmaciones: “Venezuela puede alimentar a tres países de su tamaño”, dijo la canciller. O, “nuestras cárceles son impecables”, según la ministra de Prisiones. “No hay escasez sino guerra económica”, repite siempre Maduro.

La propaganda crea una narrativa de ficción sobre un país supuestamente asediado por enemigos de la patria, que planean emboscadas, magnicidios y golpes de Estado.
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