WSJ: Falta de agua, otro castigo para las empresas y la población de Venezuela

Desesperado por tener agua, el trabajador de la construcción Pedro Pirela y sus vecinos tendieron recientemente una emboscada nocturna. Alertados por el ruido de un camión cisterna que suplía a los hoteles en las cercanías, bloquearon la calle y obligaron al conductor a detenerse para luego sustraer el preciado cargamento.

Anatoly Kurmanaev y John Otis/The Wall Street Journal

Pirela y sus cómplices no tenían más alternativa, aseguran. Una escasez de agua está postrando al país, cerrando los grifos y contribuyendo a los constantes apagones. Aquí, en la Isla Margarita, un popular destino turístico que también alberga a medio millón de habitantes, el gobierno dijo que puede proveer agua sólo una vez cada 21 días luego de que un embalse se secó.

Algunas personas protestan. Otros están robando agua de las piscinas, los edificios públicos y hasta los camiones cisterna.

“Ahora, el agua es oro”, dice Pirela, quien reconoció que también emboscó otro camión.

En un país afectado desde hace tiempo por la escasez de alimentos y medicamentos, se han sumado recientemente la falta de agua y los cortes de electricidad, una consecuencia de la escasez de agua en un país dependiente de la energía hidroeléctrica.

A medida que los embalses se evaporan, muchos venezolanos pasan semanas sin agua. Los apagones obligan a las fábricas a enviar a casa a sus empleados antes de completar sus turnos, lo que reduce la producción. Los vecindarios sin luz son un terreno fértil para los ladrones.

Incluso tratar de escapar de estos problemas yendo al cine, por ejemplo, ha perdido su atractivo. Los recientes cortes de luz en Caracas han forzado a los centros comerciales a cerrar temprano, con lo que la última función de cine es a las 6 de la tarde.

La situación podría empeorar bastante. Los expertos señalan que la mayor represa hidroeléctrica tiene tan poca agua que en los próximos días podrían comenzar a implementarse cortes de luz de hasta ocho horas al día.

“Estamos en una situación crítica”, reconoció recientemente el ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, ante un grupo de periodistas.

El gobierno del presidente Nicolás Maduro, que controla los sectores de la electricidad y el agua, culpa a la madre naturaleza y al sabotaje por parte de sus opositores políticos.

Una sequía producto del fenómeno climático conocido como El Niño ha reducido a niveles alarmantemente bajos los niveles de los embalses y en El Guri, una gigantesca central hidroeléctrica en el oriente del país que suple 65% de la electricidad de Venezuela. El agua en El Guri se acerca a sus niveles más bajos desde su inauguración en los años 70. El agua de la represa se ubicaba el viernes apenas 60 centímetros por encima del nivel en el que los técnicos consideran que operar la turbina de agua se vuelve inseguro y casi cuatro metros sobre el nivel en que la generación eléctrica tendría que suspenderse, según cifras de la eléctrica estatal Corpoelec, que también mostró que el nivel del agua está cayendo en promedio 15 centímetros al día.

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