¡Entréname despacio que tengo prisa! Slow Training busca dar la dosis mínima de ejercicio con la máxima intensidad

Este método de entrenamiento está recomendado para “mejorar la fuerza de manera eficiente y segura

Si eres de las que piensan que ejercitarte en modo slow no es compatible con tonificarte, antes de seguir leyendo, descubre tú misma el buen tándem que forman llevándolo a la práctica. Haz 10 sentadillas a cámara rápida, ¿qué sientes? Sí, te falta el aire, pero ¿sabrías decir qué músculos han trabajado? Ahora completa cinco sentadillas de forma consciente (es decir, contrae el abdomen y asegúrate de que tus rodillas forman un ángulo recto en la posición de flexión). ¿A que notas cómo te arden los glúteos?

Pero los beneficios de bajar las revoluciones van más allá de optimizar cada movimiento. También te protegerá de las consecuencias del impacto, que suele ir de la mano de los ejercicios acelerados. “Poner el cuerpo al límite y llegar a la extenuación, tal y como se hace en muchos métodos de entrenamiento agresivos e intensos, como el HIIT, sin tener en cuenta el estilo de vida de cada persona, acaba siendo sinónimo de molestias y lesiones”, advierte Rafa Díez, fundador de Movnat Entrenamiento Natural, creador del método R10 y master instructor de animal flow.

La calidad y la técnica controlada siempre son preferibles a un mayor número de repeticiones o kilos levantados. Si no se tienen claras las prioridades, tu cuerpo te puede multar con estrés oxidativo, que altera y desequilibra al organismo, cuenta Sonia Campra, especialista de Inteligencia Corporal Kinestésica y creadora del programa Readaptación Postural & Inteligencia Corporal. “La intensidad a costa de destrozar la estructura corporal debilita a corto, medio y largo plazo”. ¡Se puede decir más alto pero no más claro!

El Slow Training busca dar la dosis mínima de ejercicio con la máxima intensidad para poder generar la mejor adaptación. Es decir, se busca llegar al límite muscular en un tiempo de aproximadamente 2 minutos”

Cóctel explosivo

Los estudios también defienden el entréname despacio que tengo prisa (por tonificarme). El International Journal of Sports Medicine en el año 2012 publicó una investigación sobre qué les sucedía a aquellas mujeres que incorporaban dos sesiones de ejercicio de bajo impacto a su rutina. ¿Las conclusiones? Las protagonistas no sufrieron pérdida de músculo, al contrario. Pero esto no significa que tengas que renegar de la caña y el chute de adrenalina. No, no tendrás que cambiar para siempre tus zapatillas de correr por una esterilla de yoga, la clave del éxito está en combinar sesiones de distinta intensidad.

“Como profesora de programas de alto impacto me costó bajarme del tren de la alta velocidad, pero cuando lo hice, me paré a respirar y escuché mi cuerpo, me pareció una maravilla”, confiesa Lidia Bodoque, licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y master trainer de Body Balance. “En los gimnasios ha habido un antes y un después en la forma de entrenar de mucha gente que estaba enganchada a sudar la camiseta con actividades destroyer. Quitar el pie del acelerador de vez en cuando proporciona una conexión con los músculos y articulaciones que mejora tu técnica y tus resultados cuando vuelves a ejercitarte aumentando la velocidad”, cuenta Bodoque.

¿A qué esperas para perder el miedo a lo slow y sumarte al mindfulness? La atención plena en cada movimiento aumentará la calidad de tus entrenos y volverás a disfrutar haciendo ejercicio.

 

womenshealth.

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