Se va El Niño y llega La Niña otro fenomeno con muchas consecuencias

De La Niña cabe esperar que también dé la misma guerra que El Niño aunque, en este caso, hablaríamos de un enfriamiento que termina afectando a los patrones del clima global.

La niña origina un mecanismo inverso al que produjo El Niño: la presión atmosférica sube en Tahití y baja en Australia, restableciendo la dirección de la circulación normal pero con más fuerza. Los vientos alisios soplan con más intensidad que la normal y arrastran hacia el Pacífico occidental mayor volumen de agua, provocando que aflore más cantidad de agua fría en el Pacífico oriental. Esto produce precipitaciones superiores a las normales en Asia, Australia e inclusive en África del Sur. Mientras tanto, desciende la temperatura sobre las costas americanas y aumenta la aridez y la frecuencia de los huracanes en la planicie central de Estados Unidos.

Los eventos del fenómeno de El Niño tienen una duración promedio de 12-18 meses y se presentan con intervalos que fluctúan entre los 2 y 7 años. El término El Niño está asociado a la fase cálida del ENSO, mientras que su fase opuesta, o fase fría, fue denominada “La Niña” En los eventos de La Niña, las aguas del Pacífico tropical tienen temperaturas inferiores a lo normal y las anomalías climáticas asociadas son esencialmente opuestas a las observadas durante la fase cálida (por ejemplo, las regiones que experimentan grandes lluvias durante El Niño, padecen sequías durante La Niña).

La niña se caracteriza por el enfriamiento de las aguas del Pacífico, causando al mismo tiempo el debilitamiento de los anticiclones marítimos y continentales, que son zonas de poca nubosidad y presiones atmosféricas que amainan las tormentas. De igual forma interfieren en la fuerza de la temporada ciclónica, la alta o baja presión en las Azores, la dirección de los vientos, las señales de lluvias en zonas como el Golfo de Guinea y las anomalías de la temperatura en el Atlántico.

Podemos decir, pues, que “La Niña” cambia el clima mundial ya que reduce las lluvias entre diciembre y febrero, dando lugar a inviernos muy secos en Cuba y zonas cercanas al impedir el desarrollo de las bandas de nublados con lluvias que anteceden la entrada de los frentes fríos. Provoca, a su vez, ciclones y huracanes que causan un efecto destructor sobre la población y la naturaleza. Lo único bueno que podemos encontrar en este devastador proceso es el aumento de la productividad marina de algas microscópicas llamadas fitoplancton, de oxígeno y macroalgas que sirven de alimentos a los peces.

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