El nervioso hábito de morderse las uñas ¿por qué lo hacemos?

Nervios, ansiedad, una costumbre que no podemos evitar… pero, ¿por qué lo hacemos? ¿por qué muchos de nosotros nos comemos las uñas? En ocasiones ribetean ya el borde de los dedos, evidenciando casi siempre las manos de una persona de hábitos nerviosos que padece eso que los médicos llaman, sencillamente: “onicofagia”. En ocasiones, si llevamos esta pequeña manía demasiado lejos puede derivar en problemas de salud como pequeñas infecciones e incluso dolor. Así que si es tu caso, te interesará saber qué nos dicen los expertos…

Existen muchos tipos de tics nerviosos. Hay quien en lugar de comerse las uñas, se arranca los pelillos de las cejas, o se mordisquea las puntas del cabello en caso de tenerlo largo. Es un mundo realmente curioso digno de estudio. Pero lo más común es comerse las uñas. Un auténtico estropicio en caso de que seas mujer y admires las perfectas manicuras francesas.

Bien, pero ¿por qué lo hacemos? ¿por neuroticismo, porque tenemos hambre? Sigmund Freud, por su parte, le echaba la culpa a las madres… algo muy habitual dentro de su disciplina. Según él, se trataría de personas sobreprotegidas que no han superado la fase oral en su desarrollo psicosexual. ¿Identificado? Seguro que no. Pero dejemos a un lado las teorías freudianas para adentrarnos en algo más lógico que seguramente ya intuimos: los nervios.

La onicofagia tiene como base a una persona que es naturalmente nerviosa, o que está pasando por un periodo concreto de ansiedad o estrés. En momentos de reposo se necesita de una actividad que le calme. Hay quien enrosca su cabello con los dedos, quien se pellizca o hace tamborilear los dedos sobre una mesa. Y cómo no, están los que se mordisquean las uñas. Y es que, lo queramos o no, las manos son esas inseparables amigas que siempre tenemos a la vista, ellas la parte de nuestro cuerpo que está más cerca de nuestra vista y de nosotros. Son un medio de comunicación y en ocasiones, un mecanismo con el cuál desahogar los nervios de un modo mecánico, rutinario. Nos las comemos por nerviosismo y luego acabamos mordisqueando para igualar esas puntas que quedan sueltas. Es un principio que nunca parece tener fin.

Según datos estadísticos casi el 45% de los adolescentes se comen las uñas. Aunque muchos de ellos acabarán perdiendo el hábito a menudo que crezcan. Y casi el 60% de la población lo hará en algún momento de su vida cuando atraviese algún instante de estrés. Y lo haremos casi de modo inconsciente. Bien es cierto que hay quien practica este mordisqueo como efecto de alguna otra enfermedad, un trastorno obsesivo-compulsivo que necesitará tratamiento a largo plazo.

Es decir, el morderse las uñas entra dentro de lo normal. Pero como hábito, no es de los más saludables, no solo es un problema estético, si somos de la categoría “mordisqueadores-compulsivos”, deberemos buscar los remedios de siempre, como usar un barniz o aplicar chile u otro picante que nos produzca una reacción difícil de olvidar…

 

 

supercurioso

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