¿Por qué el segundo hijo es más problemático que el primero?

El primer bebé es el que convierte a sus progenitores en padres y por ello significa algo especial para ellos; la primera sonrisa, la primera palabra, sus primeros pasos son recibidos con alegría y expectación; todo les resulta asombroso y totalmente nuevo. Los que nacen después, no reciben la misma atención y menos elogios por estos hitos. Todo hijo mayor es hijo único durante un periodo. No sólo recibe la mayor dedicación de sus padres, sino también de sus abuelos y otros familiares. Y esta situación marca su personalidad, como veremos en sus características.


Los pedagogos explican que es inevitable criarlos de la misma forma que al primero, especialmente porque los padres tienen más seguridad y no están tan pendientes de cualquier mínimo detalle que los podría asustar, como con su primer hijo. Es por eso que, generalmente el segundo hijo es más “tremendo”, inquieto e incluso rebelde.

Como consecuencia, el segundo hijo marcará una personalidad más fuerte y competitiva, mientras que el primogénito será más responsable y protector con el resto.

Según un estudio desarrollado por la Universidad de Oslo “el hijo nacido en segundo lugar no comprende, por ejemplo, que su hermano tenga derecho a ver la televisión por la noche y él no, así que ahí surge ese desafío a las normas. Además, sabe que el mayor es un rival al que físicamente no puede ganar porque es más fuerte, así que el segundo aprende estrategias para sacarse las castañas del fuego”.

Esto hace que el segundo hijo, sea:

– más rebelde: es, al fin y al cabo, una forma de llamar la atención sobre su hermano mayor que es su principal rival. Es posible que demande su propio espacio y camino en la familia, lo que le lleva a mostrarse más rebelde o a querer romper las normas para luchar contra lo que se ha establecido en casa.

– más mimado: se le considera más pequeño durante más tiempo, mientras que el mayor madura antes para asumir tareas de cuidar a sus hermanos. Si es además el último hijo, los padres ponemos sobre él nuestras ganas de que no crezca, porque ya no habrá bebés o niños pequeños en casa nunca más.

– menos disciplinado: es posible que los padres seamos más estrictos con el mayor y le exijamos más, por lo que el pequeño se termina haciendo cómodo en un entorno en el que se le pide menos, por lo tanto él da también menos.

– menos obediente: y es se suele acoger a que al ser el más pequeño, puede saltarse ciertas obligaciones.

En cualquier caso, y pese a todas las teorías y libros escritos sobre el orden de nacimiento, también es cierto que es una relación de probabilidad no de causa-efecto, como dicen algunos psicólogos. Es decir, el hecho de ser el segundo hijo no determina que sea más rebelde, indisciplinado o desobediente, sino que se incrementa la posibilidad de tener ese tipo de actitudes.

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